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ENTREVISTA

Horacio Arredondo, Director Ejecutivo del Centro de Empresas Familiares de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez:

“Debemos reconocer que hay una complejidad en las empresas familiares que no permite manuales de intervención, sino el análisis y acompañamiento de cada caso”.

En Perú, la Empresa Familiar (EF) significa el 80% del PBI. Esto proyecta con claridad la importancia de su rol en la economía nacional y su trascendencia en el contexto social y cultural del país. Para Horacio Arredondo, Director Ejecutivo del Centro de Empresas Familiares de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez; investigar, comprender y contribuir a mejorar la EF y su traspaso generacional es un tema fundamental. “Nuestra labor es ayudar a que las EF sigan creciendo y no por un tema de voracidad, que muchas veces es el principal aliento de la empresas no familiares, sino de sostenibilidad y desarrollo”, explica.

Al margen del número, cada vez más creciente, de investigaciones sobre el emprendimiento; aún no se ha podido determinar qué es lo que hace a un emprendedor. “No hay investigación que diga: los emprendedores tienen tal o cual cromosoma”, refiere Arredondo.

Lo que sí es claro es que cuando el emprendimiento funciona se convierte en el sustento de una familia y la involucra en la empresa. “Entonces –explica Arredondo– aparece el primer anuncio de alerta: ¿tenemos el talento que necesitamos para la empresa en la familia? Y eso revela que para avanzar debemos formar talento al interior familiar o incorporarlo de afuera”.

“Es vital saber que llega un momento en el que la PYME se pregunta: ¿soy una empresa familiar?  La clave está en ver en qué momento la empresa se da cuenta y asume en toda su dimensión que es familiar”, revela Arredondo. Y esto es importante porque, inmediatamente después, aparece con claridad algo que antes solo era una referencia: la certeza de que la empresa se prolongará en el tiempo y será traspasada de una generación a otra.

SUEÑO GENERACIONAL
Para Arredondo, compartir el sueño y las agallas para mantener y desarrollar la EF es capital y se resume en saber cómo pasar, a la siguiente generación, la riqueza económica sin matar su espíritu emprendedor.

“Entre la primera y la segunda generación el traspaso no es tan apremiante, en términos de cantidad de participantes (2 o 3 hijos). Pero sí de complejidad en los protocolos que se debe instaurar y, en el caso del traspaso de la segunda a la tercera, hay que analizar el crecimiento paralelo de la empresa y la familia. Podemos tener el riesgo de que el negocio no crezca a la par de la familia y eso hace que –muchas veces– la solución sea vender lo que hay para dividir lo que queda y perder todo el legado de lo realizado”.

Al margen de que el traspaso generacional de la EF es un tema invariable; no es suficiente con que el empresario se preocupe por pasar lo económico, el control o las habilidades de gestión.

“Lo realmente importante es traspasar lo no económico: la riqueza socioemocional, el legado, los valores. Muchas veces se valoriza de modo principal el dinero y, por ejemplo, se evita llevar el tema empresarial a la casa (que puede darse por razones entendibles) y entonces, hemos visto hijos llegan a los veintitantos y no tienen ni la más mínima idea de lo que hace el papá, la mamá o la propia empresa y eso crea un escenario muy difícil para la continuación de la EF”, refiere con cierta preocupación Arredondo.

La empresa familiar siempre ha existido, pero su estudio, análisis y comprensión es relativamente reciente; sobre todo desde la academia. Para Arredondo, “La premisa inicial fue decir ‘las empresas familiares son distintas de las otras empresas’ y eso ya se asumió. Ahora es importante reconocer que ‘las empresas familiares son distintas entre ellas’; es decir, debemos reconocer que hay una complejidad que no permite recetas o manuales de intervención, sino el análisis y acompañamiento de cada caso”.

Si algo hemos aprendido a valorar como sociedad, luego de la crisis corporativa de valores en los últimos años, que afectó a la economía, es que las empresas deben estar más allá de solo “hacer negocios y ganar dinero”.

“Por ejemplo, en el caso de Chile y España durante las crisis respectivas, para salir de ellas la EF fue la que menos personal despidió e invirtió más a largo plazo. Claro, es que piensan en la próxima generación, no solo en el siguiente trimestre y mostrar cifras en ‘azul’ a los accionistas. Es ahí donde la EF es muy distinta a los otros tipos de empresa y tiene una ventaja competitiva: piensa en el largo plazo y tiene capital, que a nivel académico llamamos ‘paciente’, que ayuda a asegurar el patrimonio de las próximas generaciones.

LEGADO Y VALOR
De acuerdo a las investigaciones realizadas por el Centro de Empresas Familiares de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez; para las EF peruana, el legado es un valor muy importante y potente y es un punto de partida para invertir, para innovar, para crecer y crear valor a largo plazo.

Otro factor importante, y en el que se debe tener un poco de cuidado es el valor que le otorga al control, a controlar la empresa y lo que sucede en ella. Parecería que se trata de un tema cultural y debe considerarse como una señal de alarma y ahí hay un riesgo que asumir: delegar.

“Hay que incluir a los demás actores –argumenta Arredondo–, otros miembros de la familia y talento externo, lo más pronto posible. El lema debe ser: trabajemos con las próximas generaciones desde una edad temprana. No se trata, necesariamente, de hacerlos trabajar en la empresa, sino de que la entiendan, que aprendan a quererla, comprenderla, cuidarla y hacer que siga creciendo desde su participación como colaboradores, jefes, gerentes, propietarios y accionistas”.

Para finalizar, Horacio Arredondo comenta: “La labor de las universidad es fundamental es investigar, comprender, dilucidar y difundir que los empresarios de la EF no sientan que sus experiencias son exclusivas, que no están solos y que hay muchos otros con quienes conversar, compartir conocimiento, ideas y experiencias. Es por ello que su labor debe ser la de crear ámbitos de debate y comprensión de este fenómeno tan importante para la economía y las vida de las naciones”.

EJEMPLO MOTIVADOR

Existe una suerte de prejuicio general; cuando se piensa en una PYME se visualiza algo pequeño, alguna actividad en el garaje o la trastienda. Y así se olvida que aquello solo suele ser el inicio. Poco dinero y muchos sueños que luego se pueden convertir en la motivación de muchos otros y ayudar a crear riqueza.

Héctor Osorio, Socio de la División Finanzas Corporativas de PKF Auditores y Consultores, explica: “Las PYMES tienden a ser Empresas Familiares (EF), muchas pueden no serlo, pero esa es la tendencia y cuando se asientan y crecen son un ejemplo motivador, una excusa ideal para la reflexión de las nuevas generaciones sobre la posibilidad de superación”.

Y ese ejemplo es, ciertamente, muy rico como modelo de desarrollo. “Los primeros colaboradores de una EF son miembros de la familia, luego las personas cercanas y después el talento externo. Así se forman círculos concéntricos de afectación positiva en la economía que genera oportunidades”, refiere Osorio.

Pero hay que ser claros, en el fondo toda empresa nace como una cuestión económica, una acción orientada a producir riqueza. Sí –continúa Osorio–, Pero casi inmediatamente, la EF empieza a entender que eso va más allá. En la empresa están nuestros sueños, nuestra realización, la responsabilidad social de los dependientes. Es por ello que, desde mi punto de vista, los emprendedores deben hacerse visibles y todos debemos ayudar a convertirlos en eje de inspiración, para que no se tomen otros, que no siempre son los mejores”.

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